Mientras el mundo despliega paneles solares y turbinas eólicas a una velocidad sin
precedentes, la transformación estructural más profunda de nuestras economías
lucha por mantener el ritmo.
Existe una clara correlación positiva entre los altos niveles de penetración de la energía
renovable y un sólido desempeño en la salud pública, la educación y la felicidad. Los
países que ocupan un lugar destacado en desarrollo humano y bienestar han logrado
sistemáticamente avances significativos en la adopción de energías renovables. Esta
relación es bidireccional y está modelada por factores más amplios como el desarrollo
económico, políticas acertadas e instituciones sólidas. Por ejemplo, un estudio en
Moldavia determinó que un aumento de un punto porcentual en el consumo de energía
renovable está asociado con un incremento aproximado del 1.6% en el Índice de
Desarrollo Humano.
Del mismo modo, el Informe Mundial sobre la Felicidad e investigaciones relacionadas
muestran que los países que lideran en sostenibilidad y uso de energía renovable –
como las naciones nórdicas y Costa Rica – se sitúan constantemente entre los más
felices del mundo. Los estudios también confirman que una mayor adopción de
energías renovables se correlaciona con mejores resultados en la salud pública,
incluida la reducción de la pobreza energética.
En este contexto, el monitoreo de las economía Basada en Energías Renovables surge
como una herramienta urgente y esencial para ayudar a los tomadores de decisiones
e inversionistas a identificar y superar los cuellos de botella estructurales,
proporcionando argumentos más claros y basados en datos para acelerar la
implementación de la transición energética sostenible.
Monitorear el avance de las energías renovables en paralelo con el desarrollo social
permite evidenciar que la transición energética no es solo un cambio tecnológico, es
un cambio social.
Está bien establecido que el aumento del uso de energía renovable tiene una
correlación positiva con el crecimiento del Producto Interno Bruto. Según la IRENA,
duplicar la participación de las renovables en la matriz energética mundial para 2030
impulsaría el PIB global entre un 0.6% y un 1.1%, lo que equivale a hasta 1.3 billones
de dólares en producción económica adicional en comparación con un escenario sin
cambios. La energía limpia por sí sola representó aproximadamente el 10% del
crecimiento del PIB mundial en 2023, aportando alrededor de 320,000 millones de
dólares a la economía mundial.
Sin embargo, el mundo necesita rastrear algo aún más importante: cómo las
renovables van más allá del PIB y mejoran genuinamente la calidad de vida. Es
necesario enfocarse en soluciones que ofrezcan beneficios reales centrados en las
personas, tanto para los ciudadanos de las zonas urbanas como de las rurales por
igual.
Los países del Sur Global que pueden demostrar con datos contundentes cómo la
energía renovable está reduciendo la pobreza y mejorando la salud, de forma tal que
utilicen estos número como una ventaja competitiva gigantesca para atraer nuevas
inversiones.
Descarbonizar el sector energético confronta el desafío crítico de equilibrar una alta
generación renovable con una profunda integración estructural en todas las
economías. La narrativa energética debe ir más allá del «¿Cuántos gigavatios
instalamos?» hacia una pregunta una mucho más importante: «¿Qué tan
profundamente están transformando las renovables a sectores económicos
enteros?».
Los análisis del avance de las renovables requieren un enfoque de evaluación que no
se limite a cuantificar energía, sino que investigue y cuantifique cómo esta actividad
generó un cambio real, profundo y de calidad en la vida de los ciudadanos.
Por medio de un monitoreo sustantivo se visibilizan las dependencias estructurales en
sectores ajenos a la generación eléctrica, como la manufactura pesada, el transporte
y la edificación. Este tipo de monitoreo evitará que los gobiernos maquillen de verde
(greenwashing) su progreso energético basándose únicamente en estadísticas del
sector eléctrico. Se requiere monitorear sistemáticamente los marcos políticos en la
edificación, la agricultura y uso de calor industrial, que apoyaran la identificación
oportuna de las políticas intersectoriales que aún faltan.
Un monitoreo sustantivo de las renovables es un poderoso mecanismo de rendición de
cuentas. Habilita el «mapeo» de la disponibilidad de financiamiento limpio, la
preparación de la red y los esquemas fiscales de apoyo, permitiendo a las
corporaciones identificar qué naciones ofrecen la mayor ventaja competitiva para la
inversión verde. Presentar los avances de las energías renovables en este contexto
también podría ayudar a potenciar la cooperación internacional al proporcionar
métricas estandarizadas y transparentes sobre la preparación de las redes eléctricas,
los marcos regulatorios y la reforma de los subsidios a los combustibles fósiles.
En última instancia, monitorear una Economía Basada en Energías Renovables elimina
la asimetría de información. Esto facilitaría a los bancos multilaterales de desarrollo
identificar rápidamente qué países poseen las estructuras fundamentales listas para
absorber capital a gran escala. Para los países del Latinoamérica y el Caribe, ofrecería
una oportunidad única para posicionarse como destinos principales para el
financiamiento climático internacional, préstamos multilaterales e inversión
extranjera directa, yendo más allá de las propuestas genéricas para ofrecer garantías
basadas en datos que aportan una credibilidad real.
En línea con la reciente propuesta de Turquía para la Agenda de Acción Climática –
elevar la cuota de electricidad en el consumo final de energía global del 20 %
actual al 35 % en 2035 – el seguimiento efectivo de esta meta requiere un sistema de
monitoreo transparente e inclusivo que vaya más allá de los meros flujos eléctricos y
mida el progreso real sobre el terreno.
Si bien es cierto que en 2025 la generación de electricidad con energías renovables
superó por primera vez al carbón a nivel global, el verdadero progreso de nuestras
sociedades exige un servicio energético de calidad, asequible, accesible, moderno y
oportuno; un sistema que potencie el desarrollo educativo y fomente la cohesión
social mientras reduce las desigualdades.
Para avanzar en la transición energética hace falta más que definirla: es necesario
medirla. Solo a través de la medición obtenemos la información indispensable para
mejorarla y, al optimizarla de forma continua, cobra verdadero sentido la promesa de
“sin dejar a nadie atrás”.

