Durante décadas, la transición energética estuvo dominada por la electrificación del transporte terrestre.
Sin embargo, el verdadero desafío climático se encuentra hoy en dos industrias donde las baterías aún no
ofrecen una solución viable: la aviación y el transporte marítimo. Juntos generan cerca del 5.5% de las
emisiones globales de CO₂ alrededor del 2.5% corresponde a la aviación y el 3% al transporte marítimo,
pero, al mismo tiempo, sostienen gran parte de la economía mundial: el transporte marítimo moviliza
cerca del 90% del comercio internacional, mientras que la aviación conecta más de 4,700 millones de
pasajeros al año (Agencia Internacional de Energía; Organización de Aviación Civil Internacional;
Organización Marítima Internacional).
La respuesta ya no pasa únicamente por electrificar, sino por transformar el combustible.
La nueva carrera energética
Los Combustibles Sostenibles para la Aviación (SAF), el hidrógeno verde, el metanol verde, el amoníaco
verde y los combustibles sintéticos (e-fuels) se han convertido en el centro de una nueva competencia
tecnológica e industrial.
El SAF es actualmente la alternativa más madura para la aviación. Elaborado a partir de residuos agrícolas,
aceites usados, biomasa o combustibles sintéticos producidos con hidrógeno renovable y CO₂ capturado,
puede reducir entre 60% y 90% las emisiones de gases de efecto invernadero durante su ciclo de vida,
sin modificar motores ni infraestructura aeroportuaria existente (ICAO).
En el ámbito marítimo, el panorama es más diverso. El metanol verde lidera la adopción comercial gracias
a su facilidad de almacenamiento; el amoníaco verde perfila un futuro de cero emisiones de carbono
durante la combustión; mientras que el hidrógeno y los e-fuels avanzan como soluciones para rutas de
larga distancia.
La IMO estima que para alcanzar la neutralidad climática será necesario que, hacia 2030, entre 5% y 10%
de la energía utilizada por el transporte marítimo provenga de combustibles con emisiones
prácticamente nulas, porcentaje que continuará aumentando durante las décadas siguientes.
Un mercado que apenas comienza
Aunque el interés internacional es enorme, la producción sigue siendo insuficiente.
Actualmente, el SAF representa menos del 1% del combustible utilizado por la aviación mundial, lo que
evidencia la magnitud del reto. La IEA estima que la producción deberá multiplicarse varias veces antes de
2030 para responder a la creciente demanda impulsada por nuevas regulaciones internacionales.

En paralelo, la Unión Europea ya obliga a incrementar progresivamente el uso de combustibles
sostenibles mediante ReFuelEU Aviation y FuelEU Maritime, mientras que el esquema CORSIA de la
ICAO establece mecanismos para reducir las emisiones de los vuelos internacionales.
En otras palabras, la demanda ya está garantizada; ahora la competencia consiste en definir quién
producirá esos combustibles.
América Latina: la ventaja que el mundo busca
Pocas regiones reúnen condiciones tan favorables como América Latina.
La combinación de abundante radiación solar, recursos eólicos, biomasa, agua dulce, infraestructura
portuaria y experiencia en biocombustibles posiciona a la región como una de las principales candidatas
para abastecer el mercado global de combustibles sostenibles.
Brasil lidera el desarrollo de SAF basado en etanol y biomasa; Chile impulsa algunos de los proyectos de
hidrógeno verde más ambiciosos del mundo; Colombia apuesta por la economía circular y el
aprovechamiento de residuos agrícolas; mientras que Panamá busca consolidarse como un centro de
abastecimiento para el transporte marítimo internacional.
México también cuenta con ventajas competitivas. La disponibilidad de residuos agrícolas, su
infraestructura industrial y la ubicación estratégica de puertos como Progreso, Manzanillo, Veracruz,
Altamira y Lázaro Cárdenas ofrecen condiciones ideales para desarrollar una nueva industria
exportadora de combustibles limpios.
