¿Circularidad te suena a reciclar? Ver el mundo con ojos de circularidad es más que eso, es diseñar las actividades humanas desde una visión de largo plazo —sostenible—. En esta nueva columna “Hablemos de circularidad”, pretendo compartir ejemplos de cómo la circularidad puede elevar la frontera de la eficiencia energética y acelerar el desuso de los combustibles fósiles.
Pensar en ciudades climáticamente inteligentes me lleva a preguntarme cómo los sistemas eléctricos van a soportar el aumento de temperatura que provoca el cambio climático. La respuesta está en dos principios de la circularidad:
- Evitar el consumo desde el diseño: si mantengo fresco mi entorno, la necesidad de energía y equipos de enfriamiento disminuye.
- Optimizar recursos: a menor consumo de energía, disminuye la necesidad de infraestructura, la extracción y el impacto ambiental.
El aumento anual de la demanda de electricidad responde casi siempre al crecimiento del PIB. Si el PIB crece 2.5% anual, la demanda aumentará en un valor similar. No obstante, en2023 en México, el incremento de la demanda respondió más al aumento de la temperatura: la demanda máxima aumentó 10% con respecto a 2022.
Los efectos del cambio climático ya provocan un aumento del uso de aires acondicionados en verano. Esto exige la instalación de nueva infraestructura de generación y redes eléctricas, a fin de evitar que los sistemas eléctricos colapsen. Sin embargo, estas inversiones millonarias están subutilizadas el resto del año. Por ejemplo, en enero de 2026, el sistema eléctrico mexicano reportó tener 60% de capacidad de generación adicional a la requerida.
Resolver el problema sólo con más capacidad de generación es una solución brutalmente ineficiente y costosa. Por eso, las soluciones pasivas para refrescar nuestras ciudades adquieren mayor relevancia. ¿Cómo refresco mi ciudad sin tener que invertir millones en nueva infraestructura que energice mis aires acondicionados —y depender de ella—?
Las ciudades actuales son “islas de calor”, espacios que concentran más energía, llegando a ser hasta 11°C más calurosas que las zonas rurales. La concentración se debe tanto a la quema de combustibles fósiles como a la sustitución de vegetación por asfalto/concreto. Las plantas absorben el calor del sol y transpiran, liberando humedad que refresca el ambiente. El asfalto, en cambio, lo acumula y lo reemite como calor, elevando la temperatura del aire. Los aires acondicionados sólo extraen el calor del edificio y lo expulsan hacia la calle, lo que aumenta la temperatura de la ciudad; más tarde, ese calor regresa al edificio.
La joya del enfriamiento pasivo es plantar árboles. Los costos de refrigeración pueden reducirse entre 1.9% y 2.5% por cada árbol enunavivienda, ya que debajo de sus copas la temperatura se reduce hasta3°C. Las paredes y techos verdes también contribuyen, pues reducen la temperatura del aire 1°C.
¿Cuánta vegetación tiene tu ciudad? La regla 3-30-300 ofrece una referencia: toda ciudad debería tener 3 árboles visibles desde cualquier vivienda, 30% de cobertura de copa por zona y un parque a 300 metros de cualquier lugar. Además de enfriar, los árboles aportan oxígeno, reducen contaminantes, mejoran la salud mental, favorecen la biodiversidad urbana y aumentan la plusvalía. Los programas de eficiencia energética necesitan integrar la reforestación local en su diseño: los árboles son la solución pasiva que multiplica su propio alcance. Sin sombra, no hay sistema eléctrico que aguante.

