Columna: Estrategia Energética
Con un horizonte 2030-2050 y un escenario de demanda moderada, la respuesta razonable es sí, pero bajo condiciones. La energía nuclear puede aumentar la competitividad de América Latina si se integra como un “pilar firme de bajas emisiones” (firm low-carbon) que reduce riesgos de seguridad energética, estabiliza costos del sistema y habilita electrificación industrial e hidrógeno de bajas emisiones con alta confiabilidad [1]. No compite “contra” las renovables, compite contra la volatilidad, contra la dependencia del gas y contra el riesgo hidrológico.
La región ya tiene ventajas comparativas notables en hidro, eólica y solar. Brasil, por ejemplo, opera con una matriz altamente renovable. Sin embargo, a medida que la electrificación crece (industria, movilidad, centros de datos e hidrógeno), la competitividad pasa a depender menos del LCOE de planta y más de cuatro variables: firmeza, riesgo hidrológico/climático, costo de capital (WACC) y costos de integración (redes, almacenamiento, respaldo y curtailment) [2]. La evidencia de modelación en descarbonización profunda muestra que disponer de recursos firmes de bajas emisiones (incluida la nuclear) reduce materialmente el costo total del sistema y evita que el costo “se dispare”.
El punto económico más importante es financiero: la nuclear es intensiva en capital y, por ello, su costo nivelado es altamente sensible al costo de capital (WACC). La evidencia comparativa internacional muestra que, al variar la tasa de descuento, el LCOE de nueva nuclear cambia de forma pronunciada, haciendo que la estructura de financiamiento y la asignación de riesgos sean determinantes de competitividad [3]. Por eso, si un país estructura mecanismos que reduzcan WACC y distribuyan riesgos (p. ej., contratos de largo plazo tipo CfD, esquemas RAB, garantías y banca multilateral), la nuclear puede operar como un “seguro sistémico” cuando la penetración renovable variable crece.
El contraargumento clásico —sobrecostos y atrasos— es real y debe tratarse de frente. La literatura comparativa sobre megainfraestructura encuentra desviaciones relevantes en proyectos nucleares y los atrasos amplifican costos [4]. Pero también existe evidencia robusta de que los sobrecostos no son inherentes a la tecnología: dependen del país, la época, la estandarización, la continuidad institucional y las capacidades de ejecución [5].
En paralelo, la región enfrenta un riesgo estructural: la dependencia del gas como “flexibilidad fósil”. CEPAL advierte que el gas sigue siendo componente relevante del consumo energético regional y que la trayectoria de producción regional añade exposición a precios y riesgos externos [6]. En ese contexto, la energía nuclear aporta competitividad por tres vías: firmeza 24/7 que robustece la red, diversificación de riesgos (menos dependencia del gas y del clima hidrológico), electricidad confiable para procesos industriales continuos e hidrógeno con mayores factores de planta.
Finalmente, la condición de legitimidad: residuos y fin de vida deben estar institucionalizados desde el inicio. Estándares como SSR-5 para disposición [7]y marcos de costeo/financiación de desmantelamiento reducen riesgo regulatorio y, con ello, el costo de capital.
Por todo lo anterior, América Latina no “necesita” energía nuclear para instalar renovables; pero sí puede necesitarla para sostener competitividad en una transición profunda. Lo que define la ventaja industrial no es sólo la energía barata en promedio, sino la energía firme, estable y financiable en escenarios de alta variabilidad y restricciones de carbono.
Referencias:
[1]Sepulveda, J. Jenkins, F. de Sisternes y R. Lester, «The Role of Firm Low-Carbon Electricity Resources in Deep Decarbonization of Power Generation,» Joule,vol. 2, nº 11, pp. 2403-2420, 2018.
[2] OECD/NEA, «NEA System Cost Analysis for Integrated Low-Carbon Electricity Systems: A Guide for Stakeholders and Policymakers,» OECD Publishing, Paris, 2024.
[3]OECD/NEA, «New Perspectives for Financing Nuclear New Build: Minimising the Cost of Capital by Optimising Risk Management,» OECD Publishing, Paris, 2022.
[4]B.Sovacool y H. Ryu, «Beyond economies of scale: Learning from construction cost overrun risks and time delays in global energy infrastructure projects,»Energy Research & Social Science,vol. 123, nº May 2025, p. 104057, 2025.
[5]J. Lovering, A. Yip y T. Nordhaus, «Historical construction costs of global nuclear power reactors»,Energy Policy,vol. 91, n.º April 2016, pp. 371-382, 2016.
[6]CEPAL, «Integración energética y transición justa en América Latina y el Caribe: oportunidades y desafíos hacia 2050», 2025.
[7] IAEA, «IAEA Safety Standards Disposal of Radioactive Waste for protecting people and the environment», INTERNATIONAL ATOMIC ENERGY AGENCY, Viena, 2011.

