Modernización de la generación hidroeléctrica para cimentar el futuro renovable

Dic 5, 2025 | Energías renovables, Noticias, Tecnología

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La primera central hidroeléctrica comercial del mundo fue creada en 1882 en Wisconsin, Estados Unidos, para suministrar electricidad a una fábrica de pulpa y a tres viviendas. 143 años después, el sector eléctrico y la sociedad en general llevan consigo grandes aprendizajes asociados al diseño, construcción, gestión ambiental, gestión social, operación y cierre de una tecnología renovable que actualmente, según IRENA, cuenta con 1,426,697 megavatios de capacidad instalada al 2024, y 4,417,810 gigavatios hora en generación eléctrica global para el 2023.

Latinoamérica es reconocida por ser una de las regiones más renovables del mundo, donde 49% de la producción de electricidad proviene del agua (OLADE, 2025). La hidroelectricidad ha permitido la asequibilidad de la energía limpia en Latinoamérica por más de 100 años y un importante porcentaje de esta infraestructura requiere ser modernizada para aprovechar más eficientemente el recurso y fortalecerla frente a los efectos adversos del cambio climático.

El Monitor Global de Energía confirma la existencia de aproximadamente 5,617 proyectos hidroeléctricos y al menos 2,600 centrales hidroeléctricas en funcionamiento, con una capacidad individual de al menos 75 megavatios. Considerando esto, las inversiones necesarias para asegurar el continuo uso de esta tecnología como parte de la matriz renovable del presente y futuro son altas.

 

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Modernizar una hidroeléctrica supone una inversión que varía dependiendo de la edad, tamaño, alcance y ubicación de la central, oscilando entre los 1,000 y más de 7,000 dólares por kilovatio de capacidad, o con costos nivelados de electricidad desde tan sólo 0.01 dólares por kilovatio hora, hasta 0.05 dólares por kilovatio hora para proyectos que implican remodelaciones y mejoras. El Banco Interamericano de Desarrollo, en 2020, identificó un potencial de modernización en plantas hidroeléctricas de 10 megavatios y de más de 20 años de antigüedad en Latinoamérica y el Caribe, por una inversión estimada de 32,952 millones de dólares correspondientes a 113 gigavatios.

Para lograr la modernización de una central hidroeléctrica es necesario reparar, reemplazar y estabilizar componentes físicos obsoletos como turbinas, rotores y presas, así como añadir controles digitales para que las instalaciones respondan a la demanda de electricidad con mayor rapidez y precisión. Además, también implica mejorar la gestión del caudal de agua y la actualización de las turbinas para ampliar sus rangos operativos e incrementar el rendimiento general de la planta, así como proteger las instalaciones contra ciberataques. Estas modernizaciones deben considerar la evolución de la red eléctrica para garantizar que se mantenga confiable y estable.

La modernización hidroeléctrica puede adoptar nuevas tecnologías de bajo impacto que reduzcan los efectos en el medio ambiente de las instalaciones e incorporen tecnologías de monitoreo ambiental que pueden mejorar la protección de la fauna local y el impacto en la calidad del agua.

La hidroelectricidad es esencial para descarbonizar la matriz eléctrica y equilibrar las fuentes renovables no convencionales por su flexibilidad, potencia firme y capacidad de almacenamiento. Maximizar su potencial requiere ajustes en las estructuras de mercado donde se valoren e incentiven los servicios adicionales que ofrecen las hidroeléctricas al sector. Además, es necesario un ajuste en la política y en su regulación para acelerar la inversión en la modernización de la infraestructura existente por medio de una planificación ordenada que incluya una gestión territorial inclusiva.

Invertir en la modernización de la generación hidroeléctrica debe ser parte de la conversación sobre financiamiento climático en la COP30 en Brasil. Es fundamental habilitar una transición energética en la cual las operaciones de respaldo y potencia firme sean provistas por renovables. Operar un sector energético 100% renovable sí es posible, y para ello la innovación y la inversión en infraestructura resiliente es parte de la hoja de ruta que Latinoamérica puede y debe elegir.

 

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