Los programas de administración del lado de la demanda de empresas eléctricas. ¿Y la CFE?

Jul 3, 2026 | Del otro lado del medidor, Noticias, Tecnología

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Desde hace más de 50 años, en respuesta a una crisis energética, en Estados Unidos se hizo obligatorio que las empresas eléctricas invirtieran en acciones del lado de la demanda. Dicho de otra forma: que actuaran para cambiar la forma en la que sus usuarios usan la energía que les venden. Estos programas recibieron el nombre de Administración del Lado de la Demanda (DSM por sus siglas en inglés).

En sus primeros 25 años, estos programas pasaron de auditorías a hogares e instalaciones mayores, a sustitución de equipos, a gestión directa de carga y a la obligación de considerar en la planeación a la eficiencia como un recurso igual de importante a la nueva infraestructura. Estos programas siempre funcionaron con la condición de ser rentables para las empresas eléctricas.

Hacia finales del siglo pasado, la desintegración vertical de las empresas eléctricas modificó las señales económicas y obligó a cambiar las formas de operar los DSM. Aparecieron las obligaciones de cumplir metas de ahorro apoyadas con recursos que se manejan en fondos públicos y que se alimentan por pequeñas aportaciones de los propios usuarios a través de su factura eléctrica.

Hoy día, por el cambio tecnológico, los programas DSM han integrado acciones que incluyen la generación distribuida, la infraestructura de medición avanzada, la electrificación de usos finales, la demanda controlable y las tarifas dinámicas. Así, los programas de DSM modernos no sólo reducen la carga, sino también la construyen cuando es benéfico a la red.

En México, este tipo de programas han existido bajo un modelo muy distinto, a discreta distancia de la empresa eléctrica, a través de fideicomisos que manejan los recursos y administran los programas. Aquí resalta el proyecto ILUMEX, con el que se inició el cambio de tecnología de iluminación incandescente a ahorradora, que en su diseño tuvo el apoyo técnico de la Southern California Edison, precisamente basado en su experiencia en programas DSM.

 

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También se crearon el FIPATERM (Fideicomiso para el Aislamiento Térmico) y el FIDE (Fideicomiso para el Ahorro de Energía Eléctrica). El FIPATERM se creó para financiar el aislamiento de techos en viviendas en Mexicali y es más cercano a CFE que el FIDE. Hoy opera en la región norte del país financiando, principalmente, equipos de uso doméstico. El FIDE, por su parte, existe como fideicomiso privado y ha sido, en los últimos años, más cercano a SENER por proyectos financiados con recursos del Fondo para la Transición Energética y el Aprovechamiento Sustentable de la Energía. Hoy día, sus principales acciones están orientadas a sistemas de generación distribuida con sistemas fotovoltaicos, aunque sigue financiando equipos, principalmente para PyMEs.

Los programas de estos fideicomisos han tenido resultados aceptables en función de los recursos que se mueven anualmente, que son relativamente pequeños para el tamaño de las oportunidades. Existe, por supuesto, el programa de NOM de eficiencia energética de la CONUEE (Comisión Nacional para el Uso Eficiente de la Energía), que ha tenido un significativo impacto de ahorro de energía, pero que no puede ser considerado un DSM.

Sin embargo, gracias al continuo crecimiento de la demanda eléctrica, la propia rentabilidad privada y social de las inversiones en eficiencia energética, y muy particularmente al cambio tecnológico que permite actuar de una manera más sofisticada del lado de la demanda, debe considerarse un papel más activo de la CFE y de la SENER para apoyar el financiamiento de estas acciones en los usuarios, aún y cuando sea con mecanismos como el de los fideicomisos.

 

 

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