Los países deben eliminar los cuellos de botella hacia la transición energética

Ene 7, 2026 | Noticias, Tecnología

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El camino de descarbonización hacia las cero emisiones en 2050 implica un doble imperativo: la expansión de los sistemas energéticos a miles de millones de personas que aún no tienen un acceso adecuado y la satisfacción de la creciente demanda de los centros de datos, la electrificación industrial y el aumento de la demanda energética fundamental en los mayores centros de población del mundo. Aunque el impulso ha sido fuerte y el progreso considerable, es evidente que el mundo no está en camino de alcanzar las cero emisiones netas para el año propuesto.

Así lo establece un reporte de la firma global de asesoría McKinsey, que revisa los factores geopolíticos, de demanda y tecnológicos que inciden en el logro de este esfuerzo mundial. “Acelerar el desarrollo de tecnologías bajas en carbono será esencial en todas partes, pero el camino a seguir será diferente en cada región e industria”, asegura la firma.

Si bien establece que “no existe una solución única ni milagrosa para la descarbonización”, indica que “los países y las regiones pueden determinar sus propias estrategias, ya que las condiciones locales moldean la matriz energética”. Por ejemplo, añade, la energía solar tendrá un papel relativamente importante en el Mediterráneo y Oriente Medio, al igual que la energía hidroeléctrica en los países nórdicos y los biocarburantes en lugares como Brasil.

Para encaminarse hacia la transición energética, los países pueden centrarse en eliminar los cuellos de botella del sistema, rediseñar las políticas y promover inversiones estables a largo plazo, como la inversión pública en infraestructura que facilite la transición energética.Sobre todo, deben centrarse en una transición económicamente pragmática en la que los fundamentos funcionen y el debate se centre en el camino correcto hacia las cero emisiones netas.

La transición sigue siendo igual de urgente, pero las vías para alcanzar los objetivos del Acuerdo de París son ahora más complejas. Deben estar basadas en las realidades económicas y geopolíticas a las que nos enfrentamos, señala el documento.

 

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No obstante, cada año también trae consigo acontecimientos imprevistos. Ya sean avances en tecnología energética que permiten una rápida expansión de la energía solar y eólica, o innovaciones como la IA que impulsan un rápido crecimiento de la demanda energética. El camino hacia la descarbonización sigue siendo largo, pero nuestro consejo para los líderes del sector energético es claro: aunque no se puede predecir el futuro, sí se puede prepararse para él. Desarrollar resiliencia y agilidad será crucial para convertir los desafíos en oportunidades, expresa el reporte.

El estudio establece que el mundo se encuentra en un momento crucial de la transición energética y “a menos que se garanticen tanto la fiabilidad como la asequibilidad, la transición no se producirá”.

La transición energética, explica, es una transformación física masiva y exigente que debe extenderse a todos los rincones del planeta.

 

Tres escenarios

En el Informe McKinsey se establecen tres escenarios de transición energética: “Evolución Lenta”, el cual muestra un crecimiento sustancial de la demanda hasta 2050; el “Impulso Continuo”, que sitúa al mundo cerca de un punto de inflexión en el crecimiento final de la demanda, con un crecimiento más lento después de 2030; y el escenario de “Transformación Sostenible” el cual sugiere un pico alrededor de 2030, con una demanda que disminuirá posteriormente.

McKinsey prevé en sus tres escenarios los siguientes cambios de temperatura previstos para 2100: 1.9 °C en el escenario denominado “Transformación Sostenible”, 2.3 °C en el de “Impulso Continuo” y 2.7 ​​°C en “Evolución Lenta”.

 

Tendencias previstas de electrificación

En todas las regiones analizadas en el estudio y en todos los escenarios de transición energética, se espera que la electrificación crezca hasta 2050. El crecimiento de la demanda de electricidad es impulsado, principalmente, por los sectores industrial y de la construcción, que se prevé crezcan entre un 20% y 40% con respecto a los niveles actuales para 2050. Sólo en Norteamérica se espera que los centros de datos sean el principal impulsor de la demanda de electricidad durante ese período.

En términos absolutos, China tiene la mayor demanda de electricidad en la actualidad, en parte debido a su alto nivel de electrificación. En todas las regiones, excepto China, se espera que la electrificación se acelere después de 2030 y que Europa y Norteamérica alcancen posiblemente niveles similares a los de China para 2050.

 

Combustibles fósiles

Un hallazgo importante del análisis de este año es que, dependiendo del escenario, se espera que los combustibles fósiles representen entre 41% y 55% del consumo energético mundial en 2050.

Para 2050, la generación de energía con bajas emisiones de carbono podría representar más del 65% de la generación anual total de energía en la mayoría de las regiones, expone.

 

Energías renovables

El reporte señala que “las energías renovables y las tecnologías de almacenamiento de energía representan soluciones de descarbonización competitivas en costos debido a la continua disminución de estos y a cadenas de suministro cada vez más maduras y robustas. Se espera que la energía solar y eólica experimenten un crecimiento muy fuerte en las próximas dos décadas: casi se tripliquen para 2030 y más de nueve veces para 2050, en comparación con los niveles de 2023. Esto significa que la participación de las energías renovables en la matriz energética podría más que duplicarse en los próximos 20 años”.

El gas natural podría experimentar el mayor crecimiento en su uso, desplazando en muchos casos a los combustibles con mayores emisiones. El uso del carbón también podría persistir en niveles más altos que los previstos en anteriores análisis de McKinsey, dependiendo del escenario. Es poco probable que los combustibles alternativos cruciales logren una adopción generalizada antes de 2040, a menos que se imponga su uso obligatorio. El énfasis actual en la asequibilidad implica que algunas fuentes alternativas, como el hidrógeno verde y otros combustibles sostenibles, podrían no ser competitivas con los combustibles tradicionales a corto plazo.

 

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Las fuentes de energía renovables variables y la generación a gas probablemente dominarán el nuevo suministro eléctrico. Sin embargo, la dinámica del mercado local influirá en la adopción de tecnologías limpias y dará lugar a diversas vías de descarbonización. En los lugares donde el gas sustituya en gran medida al carbón, la intensidad de las emisiones del sector eléctrico disminuirá. Es probable que se expandan las fuentes de energía limpias y firmes, así como las tecnologías de almacenamiento renovables.

Entre estas fuentes de energía se incluyen la energía nuclear, la geotérmica y la hidroeléctrica, y entre las tecnologías de almacenamiento se encuentran las baterías y el almacenamiento hidroeléctrico por bombeo. Aunque su despliegue a gran escala aún tardará años, estas tecnologías de energía y almacenamiento actuarán como complementos importantes para las fuentes de energía renovables intermitentes (como la energía solar y la eólica) y ofrecerán energía resiliente y competitiva en costos.

 

Creciente demanda mundial de energía

La demanda mundial de energía continúa aumentando, impulsada en parte por el rápido crecimiento económico y la mejora del nivel de vida en muchos países populosos de ingresos bajos y medios, como India e Indonesia, cuyos PIB podrían duplicarse en los próximos 25 años.Hoy en día, menos de 45% de la población mundial consume más del 80% del suministro energético mundial. Sin embargo, se prevé que este equilibrio cambie a medida que aumente el consumo de energía per cápita. Esto significa que los países más poblados que actualmente tienen bajos índices de consumo energético tendrán la mayor influencia en el crecimiento futuro de la demanda de energía.

 

Consulta aquí el informe completo:https://www.mckinsey.com/industries/energy-and-materials/our-insights/global-energy-perspective

 

Por María Fernanda Matus Martínez