Como saben bien quienes me siguen en lo que escribo y comparto, el tema de la regulación técnica aparece repetidamente en mi trabajo. Esto en parte por su relevancia en el mejor funcionamiento de equipos y sistemas (y de la economía en general), pero también porque,en eficiencia energética, el programa de regulaciones técnicas obligatorias (las NOM) ha sido el de mayor impacto agregado, no sólo en México, sino de toda América Latina.
Desde una perspectiva de mancuerna entre el sector público y el privado, el hecho es que, para el contexto político de México, donde en los últimos treinta años han gobernado tres partidos políticos distintos con sus propias prioridades, el programa se ha mantenido vivo y avanzando. Por su creciente alcance y los resultados obtenidos, lo podríamos clasificar como un gran caso de éxito de una colaboración de este tipo que se podría explicar en cinco líneas.
La primera es que el origen de la política moderna de normalización, en general, se ubica en un contexto donde coincidieron dos políticas públicas que inciden sobre la misma: la de comercio e industria con la creación del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica y la de energía con la creación de una instancia federal con funciones orientadas a la eficiencia energética (la Comisión Nacional para el Ahorro de Energía). Al ser las regulaciones técnicas un componente clave en las reglas del comercio internacional y una estrategia muy eficaz y económica para mejorar la eficiencia energética, las dos políticas públicas encontraron una línea de acción en común.
La segunda es el valor estratégico que, para una industria que se abre a las exportaciones a un mercado donde las regulaciones obligatorias para eficiencia energética son parte de las políticas nacionales (Estados Unidos y Canadá), tener una homologación de estas regulaciones en los mercados de la región es fundamental. Esto ayuda a tener líneas de producción únicas y un sistema de vigilancia de mercado simplificado.
La tercera tiene que ver con las formas de gobernanza y funcionamiento de las cámaras y asociaciones que representan al sector industrial de México. Éstas han mantenido una cuidadosa continuidad en sus procesos internos de cambio de dirigentes, pero también han mantenido equipos especializados para la interacción con el gobierno federal.
La cuarta se relaciona a la continuidad en los equipos en la Comisión Nacional para el Uso Eficiente de la Energía (CONUEE) que tienen a su cargo la producción de las regulaciones técnicas, su negociación y su vigilancia, que no han sido desmantelados abruptamente y que conocen y operan eficientemente estos procesos.
La quinta se relaciona al trabajo coordinado de la CONUEE con el área encargada de la normalización en lo que hoy es la Secretaría de Economía, que es la dependencia responsable del sistema nacional de normalización.
Finalmente, el hecho de tener un sistema de evaluación de la conformidad operado por el sector privado, pero con una cercana supervisión del estado y de organismos de acreditación nacionales bajo la vigilancia de organismos internacionales, en un contexto de competencia de mercados, hace muy robusto al sistema mexicano de evaluación de la conformidad.

