Cuando se habla de energía, predomina la perspectiva de la energíaper se: de los combustibles, de la electricidad y de la infraestructura para hacerla llegar a su punto de consumo final. Esto quizás se deba a que las grandes inversiones y negocios están de ese lado del medidor. Sin embargo, lo importante, y lo que determina la necesidad y el tamaño de esas inversiones, es lo que ocurre en el último punto al que llegan los energéticos, allí donde el gas, la gasolina o la electricidad ponen a funcionar los dispositivos que proveen lo que realmente nos interesa: los servicios energéticos.
¿Qué son los servicios energéticos? Pues se trata, fundamentalmente, de la iluminación, el calor, el frío y la fuerza motriz, que es lo que permite a las personas y a las sociedades funcionar. Precisamente la historia de las dos grandes industrias energéticas de nuestros tiempos (la del petróleo y la de la electricidad) se originan, y son movidas, por la búsqueda de lo que es un servicio energético básico: la iluminación.
En el caso del petróleo, lo que movió, a inicios de la segunda mitad del siglo XIX las primeras exploraciones y el desarrollo de infraestructura para su explotación, refinación, transporte y distribución, fue el ofrecer una alternativa superior de iluminación a través del queroseno, un producto que se obtiene de la refinación simple del petróleo. Esta sustancia líquida se deposita en un contenedor al que llega una mecha de tela que se atravesaba y sostenía por la tapa de este. Esta mecha se moja en el queroseno y, por capilaridad, éste llega al extremo superior, que es en donde ocurre la combustión, produciendo una luz superior a la de las velas, que en ese entonces eran la única competencia en la iluminación de espacios.
En el caso de la electricidad, es bien sabido que la lámpara incandescente que finalmente dominó el mercado fue inventada por Thomas Alva Edison a finales del siglo XIX. Esta lámpara tenía, entre otras virtudes, que no requería combustión alguna; particularmente en los lugares cerrados donde era necesaria la luz, no contaminaba el aire interior y tenía un riesgo mucho menor de incendio. Con este invento en el mercado, Edison procedió a dar los primeros pasos en el desarrollo de la industria eléctrica moderna.
Por supuesto, ya con la infraestructura puesta para explotar, transformar, transportar y distribuir energía en forma de combustible o electricidad, la competencia fue por otros servicios energéticos, resaltando, de manera particular, la movilidad y el transporte. En este sentido, hay dos casos emblemáticos de cómo la necesidad de un servicio energético de calidad superior (mayor flexibilidad para moverse, primero por mar y luego por tierra), llevó a la transformación de las industrias del carbón y la del petróleo.
La primera tiene que ver con los barcos de guerra de Inglaterra que, en los años previos a la 1ª Guerra Mundial, competía con Alemania en el dominio marítimo, y donde los barcos operaban con carbón. Fue entonces que los ingleses, liderados por Winston Churchill, decidieron dejar el carbón por el petróleo, aún y cuando era el principal recurso energético en las islas del Reino Unido, pero contaban con un control de reservas petroleras en el Medio Oriente. Fue precisamente la posibilidad de llevar menos carga (el petróleo pesa menos por unidad calorífica que el carbón), de liberar marinos de cargar el carbón a las calderas para concentrarlos en ataque o defensa, y de que se tuvieran notables ventajas en la velocidad y eficiencia de los barcos (claves en operaciones militares), lo que llevó a esa decisión.

La segunda historia ocurre también en la 1ª Guerra Mundial, pero esta vez en el transporte terrestre, con las tropas alemanas camino a París en trenes operados con carbón. Aquí fue una reacción rápida con vehículos ligeros operados con gasolina (los taxis de París) que, sin las limitaciones de las vías fijas y las operaciones lentas, proveyeron de transporte y movilizaron miles de soldados franceses, llegando a tiempo para reforzar las defensas y sorprender al ejército invasor.
En estos dos casos, lo importante fue que el servicio, en cuanto a su calidad, eficiencia, efectividad, oportunidad y costo, llevó a requerir de un energético en particular.
También importante fue la existencia de los dispositivos que transforman la energía primaria (o electricidad) para dar el servicio energético. Las lámparas de queroseno, las calderas que quemaron petróleo en lugar de carbón y los vehículos que operaron a gasolina fueron las piezas al final de la cadena energética. Éstas, al final de cuentas, entregaron el servicio energético con claras ventajas por sobre otros dispositivos o equipos.
En fin, queesta columna estará dedicada a explorar y describir la importancia de la tecnología para atender servicios energéticos en el punto de uso, de cómo las crecientes necesidades de estos servicios pueden ser (y son) cubiertas por tecnología cada vez más compleja, en sistemas cada vez más integrados y que, a final de cuentas, existen para atender las necesidades humanas.

