La barrera técnica que ya no existe

Jun 15, 2026 | Energía en tránsito, Noticias, Tecnología

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Durante dos décadas, quienes defendieron la prioridad del gas natural sobre las renovables se apoyaron en un argumento que parecía irrefutable: el sol y el viento son intermitentes, y una red eléctrica moderna necesita generación firme, confiable a las tres de la mañana cuando no hay luna. El argumento fue válido mientras lo fue. En 2025 dejó de serlo.

 

Una transformación poco comentada

En la última década, el costo global del almacenamiento por baterías cayó más de 80%. Hoy la combinación de paneles solares más baterías entrega electricidad despachable a precios inferiores a los de una planta de gas natural nueva en la mayoría de los mercados del mundo, y la curva sigue cayendo. La objeción que durante años justificó posponer la integración masiva de renovables —que no se podían “firmar”— simplemente ya no aplica. China lo entendió primero: instaló en un sólo año más capacidad de almacenamiento que el resto del mundo combinado. En Texas, las baterías se monetizan en tiempo real, comprando electricidad cuando sobra y vendiéndola cuando escasea. El almacenamiento dejó de ser tecnología emergente para volverse infraestructura crítica.

 

La objeción mexicana, examinada de cerca

Algunos analistas presentan una objeción legítima: en México, los costos del almacenamiento todavía no son competitivos frente al gas. Tienen razón a medias. Es cierto que un proyecto de baterías aquí cuesta cerca del doble del promedio mundial, pero ese sobreprecio no es tecnológico; es regulatorio y financiero. Refleja incertidumbre, falta de señales locacionales en los pagos por capacidad, riesgo de país percibido y cuellos de botella en la transmisión. Son barreras que existen por decisiones, no por datos duros. Y mientras tanto, la otra premisa del argumento —el gas natural barato y abundante desde Texas— también se está moviendo: el propio Plan de Desarrollo del Sector Eléctrico reconoce escenarios donde su precio podría más que duplicarse en la próxima década. La competitividad eléctrica mexicana descansó durante quince años sobre una premisa hoy estructuralmente vulnerable.

 

Un mercado virgen y una asimetría brutal

México llega tarde, pero no demasiado. El Reglamento de Almacenamiento publicado en marzo abrió por fin un marco regulatorio largamente esperado, y la primera licitación adjudicó capacidad significativa en baterías. Existe un mercado prácticamente virgen y con múltiples flujos de ingresos para quien se mueva primero: arbitraje horario, servicios de red, contratos industriales, resiliencia para centros de datos, microrredes para comunidades remotas. Y, sin embargo,de cada cien pesos que México prevé invertir en el sector energético en la próxima década, ochenta y cinco irán a hidrocarburos y gasoductos. Mientras el mundo redirige recursos hacia donde los costos colapsan, nosotros los seguimos asignando hacia donde suben. Estamos defendiendo, con dinero público, una ventaja que el mercado global ya neutralizó.

 

Lo que queda por decidir

Si la barrera técnica ya no existe, las que quedan son las regulatorias, financieras y políticas. Son barreras que se superan con decisiones. La pregunta ya no es si esto ocurrirá, ya está ocurriendo. La cuestión es qué países y qué empresas decidirán participar a tiempo en la economía que esta tecnología hace posible. México tiene el recurso solar más extraordinario del continente, una demanda industrial creciente impulsada por elnearshoring y, ahora, un marco regulatorio. Lo que falta es lo más sencillo y, al mismo tiempo, lo más difícil: decidir alinearnos con la dirección en la que el mundo y la física económica ya se están moviendo.

 

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