¿Fracking o adaptación? No podemos elegir ambos.

Jul 10, 2026 | Hablemos de circularidad, Noticias, Tecnología

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México ha logrado evitar la importación de 845 millones de pies cúbicos diarios de gas proveniente de Estados Unidos. Esto gracias a su generaciónactualde energía solar y eólica. Es un ahorro silencioso, que no aparece en los titulares, pero que equivale a cerca del 75% del volumen de gas que el gobierno federal planea extraer mediantefracking para el 2030.

¿Qué tiene que ver elfracking con adaptarnos al cambio climático? Las cuencas con mayor potencial de gas no convencional en México —Burgos y Sabinas-Burro— se ubican en zonas con estrés hídrico (noreste).Cada pozo defracking consume entre 10,000 y 30,000 metros cúbicos de agua. En un país que se adapta a sequías más frecuentes e intensas, elfracking se convierte en una competencia directa por el recurso más escaso. Además, cada peso invertido en extraer gas es un peso que no se destina a la infraestructura de adaptación y que empeora la situación de vulnerabilidad de la población local.

La estrategia de gas no convencional presentada por la SENER en abril de 2026, proyecta producir 1,159 millones de pies cúbicos diarios (MMpcd) para 2030. Según estimaciones deICM/IDEA, desplegar 44 gigavatios adicionales de generación solar y eólica a gran escala, 14 gigavatios de generación distribuida, 15 gigavatios de almacenamiento, junto con medidas de eficiencia energética industrial y aprovechamiento de calor residual, reduciría la demanda de gas en una magnitud equivalente,sin perforar un solo pozo.

 

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Y el potencial no se agota ahí. Los 2,037 MMpcd adicionales que la estrategia proyecta cubrir confracking hacia 2035, cuentan ya con alternativas técnicas concretas. Aplicar bombas de calor industriales —coneficienciasde hasta 70% de ahorro respecto a calderas de gas— podría reducir el consumo industrial directo en más de 1,100 MMpcd. El solartérmicoen comercios e industrias, sector donde México ya figura entre los diez primeros lugares mundiales en consumo, aportaría otros 338 MMpcd.

Planear para la adaptación implica entender que cada año se necesitarán más recursos disponibles para desastres, y eso exige priorizar las inversiones más eficientes. La inversión programada por Pemex para desarrollar gas no convencional hacia 2030 asciende a 1,059 millones de dólares, una cifra que los propios analistas consideran insuficiente para alcanzar la metadeclarada. En comparación, el huracánOtisdejó daños por 12,000 millones de dólares  en 2023. La infraestructura fósil requiere una inyección permanente de recursos para operar y mantenerse competitiva; las renovables, una vez instaladas, generan costos marginales mínimos. Esa diferencia no es menor cuando los fondos públicos son limitados y los eventos climáticos extremos, crecientes.

Cada decisión de inversión en política energética tiene consecuencias directas sobre la capacidad de adaptación de la sociedad. Las renovables llevan años demostrando que otra dirección es posible: 845 millones de pies cúbicos diarios que ya no se importan, en silencio, sin tocar una sola gota de ese acuífero. Las renovables están ahí, los casos de éxito también. Lo que falta es acompañarlas con financiamiento accesible, esquemas de promoción y condiciones regulatorias que aceleren su adopción a la escala que el momento exige y ampliando las metas actuales de sustitución de gas por renovables y medidas de eficiencia energética.

 

 

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