Electrodependientes

Jul 15, 2025 | Noticias

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Generación adicta a la energía

Vivimos conectados. No sólo a la red eléctrica, sino a un sistema de vida absolutamente dependiente de la energía. Somos una generación electrodependiente, consumimos energía las 8,760 horas que dura el año, desde el momento en que despertamos hasta que cerramos los ojos, e incluso cuando dormimos. Cada acción cotidiana —iluminar, calentar o enfriar una habitación, preparar alimentos, desplazarnos, comunicarnos, trabajar, producir— está sostenida por una infraestructura eléctrica que rara vez cuestionamos. Sin embargo, el mundo está enfrentando una verdad incómoda: nuestra electrodependencia está alimentada actualmente, en gran parte (70/30), por fuentes de generación eléctrica que no son tan amigables con el medio ambiente, afectando el equilibrio del planeta.

Los combustibles fósiles han sido el motor de la revolución industrial, del crecimiento económico y del progreso tecnológico; crecimos como humanidad a través de ellos, pero también son los principales responsables de la crisis climática que enfrentamos. La quema de carbón, petróleo y gas natural ha elevado los niveles de gases de efecto invernadero (GEI) a cifras alarmantes en los últimos tiempos, alterando los patrones climáticos, derritiendo glaciares y desencadenando fenómenos extremos cada vez más frecuentes. Somos devoradores de energía. Todo esto ocurre mientras seguimos postergando una transición energética que, más que necesaria, es urgente.

Alcanzar la neutralidad neta de emisiones es un desafío sin precedentes y, para lograrlo, se requiere una transformación profunda de la matriz energética global. Es necesario abandonar gradualmente los combustibles fósiles e impulsar un modelo basado en energías limpias, eficientes y accesibles. Las energías solar, eólica, hidráulica y geotérmica, así como las nuevas formas de almacenamiento a gran escala eficientes y la digitalización energética, deben ocupar el centro del debate público y privado.

México no es ajeno a esta situación. Con abundantes recursos renovables y una creciente conciencia ciudadana, el país tiene el potencial de liderar la transición energética en América Latina. Sin embargo, aún persisten resistencias políticas, intereses económicos anclados en el modelo tradicional y una falta de visión estratégica a largo plazo.

La infraestructura eléctrica necesita modernizarse. Cada vez son más recurrentes los apagones en las ciudades de nuestro país; urge fortalecer la red eléctrica nacional. Se requiere mayor apertura a la inversión, la innovación tecnológica y, sobre todo, un compromiso social y político que reconozca que la energía no es un lujo, es un derecho y también una responsabilidad compartida.

La transición no sólo implica cambiar de fuente, sino cambiar de cultura. Se trata de pasar del consumo desmedido a la eficiencia inteligente; del modelo centralizado al empoderamiento local; de la extracción a la regeneración. Es repensar nuestra forma de producir, vivir y desarrollarnos como sociedad moderna.

Los desafíos son enormes, pero también las oportunidades. Nuevas industrias, empleos verdes, reducción de la pobreza energética, mejora en la salud pública y resiliencia climática son sólo algunos de los beneficios de una transformación bien planificada.

Hoy más que nunca, somos electrodependientes. Pero no tenemos por qué ser esclavos y cómplices de un modelo insostenible. Tenemos la tecnología, el conocimiento y el impulso ciudadano. Lo que falta es voluntad y dar el primer paso.

 

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