En 2014, en México, se escribió una nueva Ley para el sector eléctrico, en donde el término “almacenamiento” no figuraba; se consideraba una tecnología del futuro. Sólo tres años después, mientras trabajaba en la Comisión Reguladora de Energía, recibimos las primeras peticiones para regular el uso del almacenamiento; en tan sólo 3 años, la tecnología del futuro ya estaba lista para entrar al mercado mexicano y no había ningún indicio en la Ley de cómo utilizarla. Hoy, en 2026, ya no podemos entender el funcionamiento del sector eléctrico sin mencionar el almacenamiento de energía.
Cuando se pone el sol y la energía solar se va, en México (y antes en California), quien entra a sustituir esa generación es el gas. California hoy puede llegar a sustituir hasta 9,500 megavatios en una hora, con almacenamiento de la energía solar sobrante del día.El 29 de abril, California utilizó 601.4 gigavatios hora de energía solar que trasladó al horario nocturno a través de baterías. Esto equivale a:
- Sustituir 40% del gas que utiliza todo México en 1 día (97 millones de m³); o
- Toda la energía eléctrica que utiliza la península de Yucatán en 10 días (CENACE).
Fuente: Elaboración propia con información de CAISO.
Estos datos ejemplifican la relevancia del mix “energía solar + almacenamiento” en los sistemas eléctricos modernos. Sin embargo, esto puede aumentar en un 30% la inversión de un sistema fotovoltaico y aumentar también la reinversión cada 10 años. ¿Esto es viable para regiones del sur global como en América Latina? Para el ejemplo particular de la península de Yucatán, que depende del diésel en verano, su viabilidad es alta, siempre y cuando existan mecanismos financieros accesibles para diferentes tipos de usuarios.
Por otra parte, el almacenamiento no es la única forma de aprovechar al máximo la generación fotovoltaica. Hay un camino mucho menos explorado en la región: la gestión de la demanda. En lugar de almacenar energía para las horas pico, moldear los procesos productivos para consumir durante las horas base. No reduce el consumo, lo mueve, y moverlo puede costar menos que almacenarlo.
Para esto, nuevamente California es un ejemplo: SDG&E, una distribuidora de San Diego, ofrece tarifas“super off-peak” de 10 a.m. a 2 p.m. —las horas de mayor generación solar— para incentivar que sus clientes trasladen su consumo a ese horario. El resultado: ahorros de hasta 20% en la factura eléctrica sin invertir, sólo ajustando hábitos y procesos. La señal de precio hace el trabajo que harían las baterías.
Finalmente, desde una visión sistémica, el impacto ambiental de las baterías de ion-litio es alto; lamentablemente, otras alternativas aún no alcanzan la misma madurez comercial. ¿Tiene sentido seguir apostando por una única opción o vale la pena un incentivo para diversificarlas?
Si queremos aprovechar el almacenamiento de energía en América Latina, tenemos que evaluar su uso de manera circular, comparándola y evaluando las herramientas a la mano y la situación de cada individuo, empresa, comunidad o gobierno:
- ¿Cuál es el costo y seguridad de suministro del combustible que quiero sustituir?
- ¿Tengo otras formas de moldear mi consumo más allá del almacenamiento?
- Localmente, ¿hay formas de almacenar energía más allá de comprar baterías?

